El cable que nunca llegó
Experiencia de un andaluz con el cable de fibra óptica
Todavía recuerdo cuando vinieron a mi casa unas azafatas con carpetas azules a preguntarnos si queríamos instalar el cable. Teníamos que dar permiso para que pasaran el cable por nuestro edificio, por la fachada, aunque no teníamos que comprometernos a instalarlo en nuestra casa si no queríamos. Sólo teníamos que dar el permiso para que nuestro bloque de pisos diera un paso adelante hacia el futuro. Nos negamos porque no le veíamos ventajas, al fin y al cabo se trataba de pagar una cuota mensual para ver unos cuantos canales de televisión y acceder a Internet (ese invento al que entonces no se le daba mucha importancia en mi hogar), además de una tarifa telefónica rentable, pero que a la larga nos salía más cara porque al fin y al cabo nuestra factura telefónica no es muy abultada.
En esos momentos (finalísimos de los noventa y principios de los dos mil) las empresas de cable adjudicatarias de las licencias se dedicaban a levantar las calles en una carrera frenética por obtener abonados y beneficios antes de que la factura de las obras les llevara a la quiebra. La Auna (ex Retevisión, presente en toda Andalucía, excepto Cádiz y Huelva), que ahora pretende unirse con la otra gran operadora del cable en España, Ono (controla Cádiz y Huelva).
El cablecito de la discordia está rodeado de un halo mágico. Mágico porque el cable de fibra óptica permite acceder a un amplio servicio de telecomunicaciones por un solo cable que entra en el hogar. Pero no es oro todo lo que reluce, claro, y los cables coaxiales no son tan técnicamente avanzados como para evitar las interferencias que se producen en el camino de la red principal de fibra óptica hasta el hogar, y tampoco tienen una gran capacidad para transmitir datos.
El cable, que lleva poco tiempo instalado en nuestro país, y en Andalucía, sobrevivirá si las empresas que lo gestionan quieren que sobreviva. Y claro está, si los usuarios se deciden por contratar los servicios que estas empresas les ofrezcan. El cable tendrá que competir con la televisión digital terrestre, y con las operadoras que ofrecen ADSL para acceder a Internet, pero después de unos costes de implantación tan elevados para crear la estructura de la red de cable, difícilmente será un terreno sin exprimir hasta la última posibilidad de negocio.
Por cierto, en mi casa no llegamos a instalar el cable, que se adaptó muy bien a las nuevas urbanizaciones (ya que se tendía la red antes de colocar el acerado, y la conexión estaba presente en cada casa) y a las urbanizaciones de clase alta y media-alta, no olvidemos que el servicio hay que pagarlo. Tampoco creo que lo lleguemos a instalar en el futuro. ¿Será que soy un escéptico del cable o que sobre mí pesa más la utilidad práctica que el espíritu consumista?
En esos momentos (finalísimos de los noventa y principios de los dos mil) las empresas de cable adjudicatarias de las licencias se dedicaban a levantar las calles en una carrera frenética por obtener abonados y beneficios antes de que la factura de las obras les llevara a la quiebra. La Auna (ex Retevisión, presente en toda Andalucía, excepto Cádiz y Huelva), que ahora pretende unirse con la otra gran operadora del cable en España, Ono (controla Cádiz y Huelva).
El cablecito de la discordia está rodeado de un halo mágico. Mágico porque el cable de fibra óptica permite acceder a un amplio servicio de telecomunicaciones por un solo cable que entra en el hogar. Pero no es oro todo lo que reluce, claro, y los cables coaxiales no son tan técnicamente avanzados como para evitar las interferencias que se producen en el camino de la red principal de fibra óptica hasta el hogar, y tampoco tienen una gran capacidad para transmitir datos.
El cable, que lleva poco tiempo instalado en nuestro país, y en Andalucía, sobrevivirá si las empresas que lo gestionan quieren que sobreviva. Y claro está, si los usuarios se deciden por contratar los servicios que estas empresas les ofrezcan. El cable tendrá que competir con la televisión digital terrestre, y con las operadoras que ofrecen ADSL para acceder a Internet, pero después de unos costes de implantación tan elevados para crear la estructura de la red de cable, difícilmente será un terreno sin exprimir hasta la última posibilidad de negocio.
Por cierto, en mi casa no llegamos a instalar el cable, que se adaptó muy bien a las nuevas urbanizaciones (ya que se tendía la red antes de colocar el acerado, y la conexión estaba presente en cada casa) y a las urbanizaciones de clase alta y media-alta, no olvidemos que el servicio hay que pagarlo. Tampoco creo que lo lleguemos a instalar en el futuro. ¿Será que soy un escéptico del cable o que sobre mí pesa más la utilidad práctica que el espíritu consumista?
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